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Votar como contrario al bien común

LOS QUE NO VOTAMOS O IMPUGNAMOS EL VOTO ¿QUE APORTAMOS AL BIEN COMUN?

Depende. Hay quien puede no votar por indiferencia hacia la cosa pública y en ese sentido, no aporta nada o mejor dicho, es alguien contrario al bien colectivo. Pero somos muchos los que no votamos por una doble convicción:

1.a) que el sistema democrático moderno no es representativo;
1.b) esconde una realidad oligárquica (“el gobierno de los partidos” o partidocracia, o directamente el de un grupo que se hace con el poder y en nombre de la mayoría viola los principios republicanos que se supone tendría que defender);
1.c) tiene una gran facilidad para encumbrar corruptos o mediocres;
1.d) atenta contra la ley natural y la Tradición;
1.e) y para cualquier argentino realmente patriota es la herramienta política del Régimen cipayo para que sigamos siendo una colonia de hecho, ayer de Inglaterra, y hoy de la ONU o de los EE. UU, según cuál sea el gerente de turno que elegimos;

2.a) Hay un régimen mejor que debemos proponer, compatible con una forma de gobierno republicana – Aristóteles enseñaba que la democracia es la corrupción de la república-;
2.b) un régimen que es verdaderamente representativo,
2.c) meritocrático y jerárquico;
2.d) compatible con la Tradición y los intereses nacionales.

El régimen que proponemos se apoya en la familia y el municipio como los dos pilares de la vida social y política; garantiza la representación por cuerpos intermedios, con mandato imperativo para los representantes; exige responsabilidad de los candidatos antes, durante y después de ocupar un cargo; exige requisitos de idoneidad concretos para postularse a un cargo; supone un régimen electoral de sufragio indirecto y corporativo; reconoce que hay valores, principios e instituciones no susceptibles de ser sometidos a la dictadura de las mayorías (populares o parlamentarias); controla el poder político con una efectiva descentralización y con contrapoderes reales (corporaciones como los gremios profesionales, asociaciones culturales, entidades educativas, la Iglesia, las Fuerzas Armadas y un Senado en el que estén los representantes de las Provincias y los Notables de la República); y pone el Estado (fuerte pero no grande) al servicio de la Patria y no al revés, como sucede desde 1853 en la Argentina, con la particularidad de que los que alcanzan las altas magistraturas han sido – con excepciones parciales – servidores del Imperialismo Internacional del Dinero y de los colonialismos de turno.

¿Esto es una utopía o un proyecto que se puede concretar?:

Antes que nada, este fue – en casi todos sus aspectos – el régimen que nuestra Patria tuvo, bajo regímenes monárquicos o republicanos, desde el siglo XVI hasta 1853; fue el vivido o el propuesto – elemento más, elemento menos- por los verdaderos Padres de la Patria como Hernandarias, Ramírez de Velasco, el Virrey Ceballos, Don Santiago de Liniers, Cornelio Saavedra, San Martín, Belgrano, los Congresales de Tucumán, los Caudillos, Tomás Manuel de Anchorena, Juan Manuel de Rosas, Facundo de Zuviría o Mariano Fragueiro; y puede restaurarse en el futuro, con las adaptaciones que sean necesarias.

¿Cómo llegar a él?

No puede imponerse por la fuerza, pues un gobierno autoritario sólo sirve para casos excepcionales de anarquía, guerra civil o revolución, nunca para imponer desde arriba un régimen nuevo al estilo jacobino o leninista. Debe ser el fruto de una paulatina y creciente convicción de todo o de la mayoría del pueblo argentino. ¿Qué hacer entonces? Lo siguiente:

a) fomentar una reforma cultural y educativa que explique por qué un régimen republicano corporativo y descentralizado es mejor que la democracia de masas o que la democracia individualista;
b) trabajar para revitalizar el tejido social, fortaleciendo la familia, los municipios, los gremios profesionales, las asociaciones culturales, las instituciones educativas, etc;
c) formar de modo integral a las personas, sabiendo que la mejora personal tiene prioridad sobre la institucional;
d) seguir mostrando los instrumentos políticos, culturales, sociales y económicos mediante los cuales se ha generado la mentalidad colonial y cipaya en el pueblo argentino, sobre todo en su clase dirigente;
d) sentar las bases de un Movimiento Nacional anti-sistema, que presione sobre el poder político y que sea el referente de todos aquellos que compartimos los lemas “Patria y Hogar” y “Patria sí, Colonia no”.

Todo esto implica una tarea en la que hay objetivos, pero no plazos, porque no se puede desandar en un día los errores que se han cometido en la Civilización Occidental desde el siglo XIV o en la Argentina desde 1853. Pero hay que hacerlo.

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