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Desmantelar la Iglesia. ¡Rápido, rápido!

Hace unos meses un alto cargo de la Jerarquía católica, de segunda fila pero con contacto directo con el Papa, afirmó públicamente que las reformas que estaba llevando a cabo el Romano Pontífice venían para quedarse.

La verdad, cuando lo lei pensé que eran más unas palabras para merecer, o fruto de un momento de fervor pontifical, o fruto quizá de un momento elevado de motivación… Pero ya no lo pienso: para nada; es más, creo que nos dijo la verdad, advirtiéndonos de lo que se nos venía encima. Y no ha fallado.

En esto ha sido como los separatistas de nuestros días -los catalanes están de rabiosa actualidad, pero no son los únicos-: que no han engañado a nadie. Han dicho “que venía el lobo” -lo estaban criando: por eso no había venido antes-, pero… ¡vaya si ha venido! Pues más o menos, lo mismo. Y me explico.

Porque hay toda una “lógica”, nada casual sino todo lo contrario, perfectamente orquestada, pensada, sondeada, legislada y aplicada, desde la misma cúpula de Roma.

Lo primero que se gestionó -o de las primeras cosas- fue ningunear al Colegio de Cardenales y montarse un gobierno “a la luz”: nada de “en la sombra” sino al revés, bien “visible” aparentemente. ¿Para qué? No sería aventurado pensar que con 9 “interlocutores” que, además, no “interlocutoran” nada, sino que están elegidos y puestos como tranpantojos -o, “por si cuela”-, se maneja uno mejor que con tanta gente. Y no me negarán que, además de audaz, no fue un buen “golpe de mano”. Y efectivo, dada la mudez que les entró a la gran mayoría del resto. Aunque siempre queda “un resto” que reinicia todo, con la ayuda del Espiritu Santo que siempre está ahí, aunque a veces lo no parezca, o nos creamos que no está.

Luego, vinieron los cambios en el IOR, que salieron rana total. Pero nada de rectificar: no se podían dar signos de debilidad. Por contra, otros “cambios” que parecían lógicos y necesarios, dadas las “sigularidades” que adornaban a las personas concernidas…, ni tocar. Y ahí también ha olido a chamusquina. Pero nadie se ha dado por enterado. No voy a poner nombres ni a citar episodios poco edificantes, pero creo que no hace falta.

Más tarde vinieron los sínodos sobre la familia. Infumables, por su gestión, su desarrollo y sus pretendidas “conclusiones”… que no lo eran. Y, a continuación, la AL, una auténtica desgracia; porque al pretender “recoger” y “dar por bueno” lo que no había sido ni real ni bueno, sumó oscuridad y barullo a lo ya embrollado por sí mismo; encima habiendo sido conclusiones “nonatas”.

A contnuación, se remodeló la Academia para la Vida, y se la reconvirtió en un “totum revolutum” donde hay gente que ni es católica; y, no siéndolo y para mayor “incomprensión” -por decirlo en fino- es partidaria hasta del aborto; la anticoncepción para estos -y para otros, también ya en la Iglesia- es una menudencia que, como ya no va a ninguna parte, se va a “sobreseer el caso”, como sigan las cosas así. Al tiempo. Los augurios sobre la “Humanae vitae” no son nada halagüeños.

Más tarde, se afrontó la reforma de la liturgia, rompiendo -una vez más- con el Magisterio anterior. Y aquí sí, este último agosto, el mismo Papa dijo que la reforma por venir, pero que ya está en marcha, era “irreversible”; con lo que venía a coincidir con lo declarado meses antes por el personaje al que aludía al principio, del que siento no recordar ahora su nombre ni su cargo exactos: por eso no los pongo. Por supuesto, pero no está de más decirlo, todo esto en contra de lo declarado reiteradamente por el Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y para los Sacramentos, cardenal Sarah, al que han ninguneado hasta públicamente. Por cierto, las malas lenguas dicen ya públicamente que, al sr. Cardenal, le quedan dos telediarios.

Y lo último, hasta ahora: se han cargado también el “edificio” levantado por san Juan Pablo II en defensa del Matrimonio y la Familia, para meter ahí gentes que no están por la labor, sino por tirar lo que hay…; y ya veremos qué hacemos luego, pero lo importante es tirar lo que hay.

Se consuma y se cierra así -malignamente, en mi opinión personal, por supuesto- todo el ciclo:

1, gobierno “absolutista”, por llamarlo de alguna manera, para poder legislar sin “dar cuentas”.

2, cargarse los Sacramentos (la Liturgia) de los que vive la Iglesia.

Y 3, destrozar el matrimonio y la familia, porque en ella están “los primeros educadores en la Fe” -los padres: en los que siempre ha confiado la Iglesia-, y porque en ella “nacen” y de ella “vienen” las vocaciones de todo tipo a la Iglesia.

¿Casual? No creo, sinceramente.

Y no entro a hechos “menores”, politica de “gestos”, tan del gusto de cierto tipo de gentes, de dentro y fuera de la Iglesia. Con todo, no me negarán que entre “irse a vivir a Santa Marta” o llevar zapatos negros, y cargarse el “Instituto Juan Pablo II para el Matrimonio y la Familia” o mantener a los “folloneros” en el machito…, aún hay clases, por poner un par de ejemplos. De los que hay hasta demasiados, sinceramente.

 

Fuente: http://infocatolica.com/blog/nonmeavoluntas.php/1709210727-desmantelar-la-iglesia-irapid

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